La matrescencia no exige un útero. Es el proceso de convertirse en madre: identitario, relacional, emocional. Ocurre en el embarazo biológico y ocurre, con su propio ritmo y sus propias heridas, en la maternidad adoptiva. Y sin embargo casi nada de lo que se escribe sobre el posparto, la identidad materna o la salud mental perinatal incluye a las madres que llegaron a la maternidad por otro camino.
Este artículo nombra lo que rara vez se nombra: que también en la adopción hay una depresión posible, un proceso de apego que no es instantáneo, una cuarentena necesaria y un duelo silencioso. Con datos reales, sin idealizar ni patologizar, y con los recursos que existen en España para acompañarlo.
Cada año, cientos de familias españolas completan un proceso de adopción, nacional o internacional, después de años de trámites, evaluaciones psicosociales y, en muchos casos, de un camino previo de infertilidad. Cuando por fin llega el momento de la convivencia, el relato social espera euforia sostenida. Lo que ocurre en la mayoría de los hogares es más parecido a cualquier otro inicio de crianza: alegría real, mezclada con agotamiento, incertidumbre y, a veces, un cansancio que no se atreve a decir su nombre.
Convertirse en madre sin haber parido
La matrescencia, tal y como la describe la antropóloga Dana Raphael y ha popularizado después la periodista Lucy Jones, es la transformación identitaria que atraviesa una persona al convertirse en madre: cambios en la percepción del propio cuerpo, en las prioridades, en la relación con la pareja y el entorno, en el sentido del tiempo. Buena parte de la literatura reciente pone el foco en los cambios neurobiológicos asociados al embarazo. Pero la identidad materna no depende únicamente de la gestación: depende de asumir de forma sostenida el cuidado, la responsabilidad y el vínculo con un hijo o una hija.
Una madre adoptiva atraviesa su propia matrescencia, con particularidades que merecen nombre propio: no hay preparación de nueve meses con cambios hormonales progresivos, la llegada puede ser repentina o alargarse en procesos administrativos de años, y el hijo o la hija que llega ya tiene su propia historia, su propio temperamento y, en muchos casos, sus propias experiencias previas de separación o adversidad que también hay que acompañar desde el primer día.
Esto no significa que no haya biología implicada. Investigación reciente en neurociencia parental sugiere que el cerebro de los padres y madres no gestantes —incluidas las madres adoptivas— también experimenta cambios funcionales asociados al cuidado sostenido de un hijo, aunque con un patrón distinto al de la gestación biológica. El vínculo y el cuidado repetido, no solo el embarazo, moldean también el cerebro parental. Esto respalda, desde la neurociencia, algo que las madres adoptivas llevan diciendo desde siempre: que su maternidad no es una versión menor de la maternidad biológica, sino un camino propio hacia el mismo destino.
Nada de esto hace que la maternidad adoptiva sea "menos". La hace distinta, con su propio proceso de adaptación que merece el mismo respeto, la misma información y el mismo acompañamiento profesional que cualquier otro camino hacia la maternidad.
Además, el propio proceso de llegar a ser madre adoptiva suele ser, en sí mismo, agotador emocionalmente mucho antes de que el niño o la niña llegue a casa: años de evaluación psicosocial, incertidumbre sobre los tiempos, en ocasiones asignaciones que no llegan a completarse, y la exposición constante a preguntas ajenas sobre la propia idoneidad como madre. Cuando por fin ocurre la llegada, muchas mujeres llegan ya con las reservas emocionales agotadas por el propio proceso previo, lo cual influye directamente en cómo se vive después la adaptación.
La depresión post-adopción (existe y no se nombra)
Karen J. Foli, investigadora y profesora de la Universidad de Purdue, ha dedicado gran parte de su carrera a documentar lo que llama depresión post-adopción. En sus estudios, entre un 18% y un 26% de madres adoptivas presentan síntomas depresivos significativos durante el primer año, cifras que Foli señala como comparables, en algunos casos, a las de la depresión posparto tras un parto biológico. Un estudio posterior de Foli, South, Lim y Hebdon, publicado en 2012, relacionó estos síntomas con expectativas no cumplidas sobre el proceso de adopción, el propio hijo, la familia extendida y el papel social de "madre agradecida" que se espera de las madres adoptivas.
Jennifer L. Payne y su equipo, en un estudio publicado en Archives of Women's Mental Health en 2010, encontraron síntomas depresivos significativos en un 27,9% de madres adoptivas durante las primeras cuatro semanas tras la llegada del menor, con un descenso progresivo a lo largo del primer año. A diferencia de la depresión posparto biológica, estos síntomas no se asociaron con antecedentes psiquiátricos personales o familiares, sino sobre todo con el nivel de estrés y las dificultades de adaptación tras la llegada.
Este dato es importante: la depresión post-adopción no responde principalmente a una vulnerabilidad previa de la madre, sino al propio proceso de adaptación —agotador, intenso y casi siempre invisibilizado socialmente.
Los síntomas se parecen a los de cualquier depresión perinatal: tristeza persistente, irritabilidad, pérdida de interés en actividades que antes generaban placer, alteraciones del sueño más allá de las esperables por la crianza, sensación de desbordamiento constante, dificultad para disfrutar del hijo o la hija recién llegada y, con frecuencia, una culpa intensa por no sentir la felicidad que se supone que "debería" sentir en este momento. Esa culpa añadida, sentirse mal por sentirse mal, es una de las características más específicas de la depresión post-adopción, y una de las razones por las que tantas madres la ocultan incluso a su pareja o a su entorno más cercano.
"Sentirte mal por sentirte mal no es un fallo. Es una señal que merece ser escuchada, no silenciada."
Un dato importante: los estudios de Foli no encuentran que la depresión post-adopción esté asociada principalmente a antecedentes psiquiátricos personales, lo que descarta la idea de que "solo le pasa a quien ya tenía un problema previo". El factor predictor más consistente en su investigación fue el cansancio físico y emocional sostenido, seguido de las expectativas no cumplidas sobre cómo "debería" sentirse una madre adoptiva y sobre cómo "debería" comportarse el niño recién llegado.
Por qué se nombra tan poco
El proceso de adopción exige a las familias demostrar idoneidad, estabilidad y preparación durante meses o años de evaluación. Foli describe cómo esto empuja a muchas madres a presentarse —ante el sistema y ante sí mismas— como "superpadres" que no pueden permitirse mostrar cansancio, ambivalencia o tristeza sin sentir que ponen en duda su idoneidad. El resultado es un silencio doble: no se habla porque no se espera socialmente, y no se habla porque da miedo que se interprete como un problema.
Apego con un bebé/niño que ya venía formado
La teoría del apego, desarrollada por John Bowlby y ampliada por las observaciones empíricas de Mary Ainsworth, describe el vínculo afectivo como un proceso que se construye a través de interacciones repetidas, sensibles y predecibles a lo largo del tiempo. No es un interruptor que se enciende al mirar por primera vez al hijo o la hija: es una construcción progresiva, con avances y retrocesos, que en la adopción tiene además una particularidad clave: el niño o la niña llega con su propia historia de vínculos previos, a veces con experiencias de separación, institucionalización o adversidad temprana que condicionan cómo se relaciona al principio.
Es habitual, y no es un mal presagio, no sentir un vínculo inmediato. Puede haber extrañeza, torpeza, incluso una sensación de estar cuidando a "un desconocido" durante las primeras semanas. El vínculo seguro se construye con presencia sostenida, respuesta sensible a las necesidades del niño y tiempo. Exigirse sentir amor instantáneo añade una presión innecesaria sobre un proceso que ya es, de por sí, exigente.
"El vínculo no es un flechazo. Se construye en capas, con tiempo y presencia sostenida."
Muchas madres adoptivas describen el vínculo como algo que "se construye" más que algo que "sucede": llega en capas, a través de rutinas compartidas, de sostener el llanto, de acompañar la primera noche de sueño en la nueva casa, de mil pequeños gestos que, sumados, van tejiendo una relación de apego seguro. Comparar el propio ritmo con el de otra familia adoptiva, o con la idea idealizada de un flechazo instantáneo, suele generar más ansiedad que claridad. El vínculo con más solidez a largo plazo no es necesariamente el que empezó más rápido, sino el que se sostuvo con más consistencia en el tiempo.
Es importante distinguir la extrañeza inicial normal de las señales que sí requieren acompañamiento profesional temprano: ausencia total de interés mutuo tras varios meses, comportamientos de rechazo intenso y sostenido por ambas partes, o una sensación persistente de no poder conectar en absoluto que genera angustia significativa. Estas señales no son motivo de vergüenza ni de duda sobre la decisión de adoptar: son motivo de pedir apoyo especializado en apego cuanto antes, porque cuanto antes se aborde, mejor pronóstico suele tener el proceso de vinculación.
En adopciones de niños mayores o con historias previas de adversidad, puede ser recomendable el acompañamiento de profesionales especializados en apego y trauma infantil desde el principio, no solo cuando aparecen dificultades evidentes.
Algunos niños y niñas, especialmente quienes han vivido institucionalización prolongada o múltiples cambios de cuidadores, pueden mostrar patrones de apego evitativo, ambivalente o desorganizado que requieren un manejo específico: no responden al afecto de la forma "esperada", pueden rechazar el contacto físico en algunos momentos y buscarlo de forma intensa en otros, o mostrar una autonomía aparente que en realidad esconde dificultad para confiar en que alguien va a cuidarles de forma estable. Entender esto desde el marco del apego, y no como un rechazo personal hacia los nuevos padres, cambia por completo cómo se puede acompañar el proceso.
La "cuarentena" adoptiva: los primeros meses en casa
El concepto de cuarentena posparto —recogimiento, rutina protegida, filtro de visitas— tiene un equivalente directo, y quizá incluso más necesario, en la adopción. Los primeros meses tras la llegada del menor a casa son un periodo de regulación mutua: el niño o la niña necesita previsibilidad y calma para empezar a confiar en el nuevo entorno, y la madre y el resto de la familia necesitan tiempo sin la presión de mostrar al mundo entero al nuevo miembro de la familia.
Recomendaciones habituales en el acompañamiento postadoptivo incluyen limitar visitas durante las primeras semanas, mantener rutinas simples y predecibles, priorizar el contacto físico y la respuesta consistente a las necesidades del niño, evitar cambios simultáneos como escolarización inmediata o exposición social intensa, y, cuando la edad del niño lo permite, mantener cierta continuidad con objetos, rutinas o incluso alimentos que ya le resultaban familiares antes de la llegada, como puente entre lo conocido y lo nuevo. No es sobreprotección: es dar tiempo al sistema nervioso de todos —del niño y de los padres— para regularse ante un cambio enorme.
Esta cuarentena es también, para la madre, un tiempo de recuperación que rara vez se reconoce como tal. No hay parto ni recuperación física, pero sí hay un desgaste emocional acumulado por el proceso previo y una demanda física intensa desde el primer día, sin la progresividad que a veces permite el embarazo. Pedir ayuda práctica —comida preparada, alguien que se ocupe de las tareas domésticas, tiempo de descanso repartido con la pareja si la hay— es tan legítimo en la cuarentena adoptiva como en cualquier posparto biológico.
Duelo del hijo biológico no tenido
Muchas familias llegan a la adopción después de un camino de infertilidad, pérdidas gestacionales o tratamientos de reproducción asistida que no llegaron a término. Ese duelo —el del hijo biológico que no fue, el del embarazo que no se vivió— no desaparece automáticamente al iniciar el proceso de adopción, y puede reaparecer en momentos inesperados: al rellenar formularios que preguntan por antecedentes obstétricos, al recibir comentarios sobre "parecido físico", en el aniversario de una pérdida anterior.
Reconocer este duelo, y buscar acompañamiento específico si hace falta, no resta amor ni compromiso hacia el hijo o la hija adoptada. Son procesos distintos que pueden convivir. Se puede amar profundamente a quien está y, al mismo tiempo, seguir procesando lo que no fue.
Este duelo no siempre se identifica como tal en el momento en que aparece, precisamente porque socialmente no se reconoce como legítimo tener sentimientos encontrados justo cuando se está viviendo la alegría de una adopción. Nombrarlo en terapia, si hace falta, o simplemente permitirse sentirlo sin juzgarlo, es parte de construir una maternidad adoptiva desde la honestidad y no desde la negación.
Familia extendida y comentarios
Las familias adoptivas reciben con frecuencia comentarios bienintencionados pero hirientes: preguntas sobre "los padres de verdad", comparaciones de parecido físico, suposiciones sobre el origen o la historia del niño delante de él, o la expectativa de gratitud constante hacia los padres adoptivos como si la adopción fuera un favor y no una filiación real.
Preparar respuestas breves con antelación —para el entorno cercano y para desconocidos— ayuda a no quedarse sin palabras en el momento. Poner límites explícitos con la familia extendida sobre qué preguntas no son bienvenidas, especialmente delante del niño o la niña, es parte legítima del cuidado de la nueva familia, no una descortesía.
El propio niño o niña, a medida que crece, también recibirá estas preguntas directamente, a veces de compañeros de colegio, a veces de adultos con poco tacto. Prepararle con respuestas sencillas y adaptadas a su edad, y hablar en casa con naturalidad sobre su historia de adopción desde el principio —sin esperar a una "edad adecuada" para revelarlo de golpe— suele facilitar que construya su propia identidad con seguridad, en lugar de vivir la adopción como un secreto que hay que ocultar o justificar.
Recursos en España (CoRA, asociaciones)
CoRA
- Coordinadora de Asociaciones de Adopción y Acogimiento
- 19 asociaciones de familias en toda España
- Información, formación y contacto entre iguales
- coraenlared.org
Otros recursos
- Servicios públicos de postadopción por comunidad autónoma
- Psicólogas especializadas en adopción y apego
- Grupos de familias adoptivas locales
- Escuelas de familias adoptivas
Si sientes que los síntomas depresivos o la dificultad de vínculo se prolongan más allá de los primeros meses, o si aparecen pensamientos de no poder con la situación, pedir ayuda psicológica especializada en adopción no es un fracaso: es la misma respuesta de cuidado que se recomendaría a cualquier madre en un posparto complicado. El directorio de terapeutas perinatales en España es un buen punto de partida para encontrar a alguien con experiencia en adopción.
Lo que sostiene, semana a semana
No hay una fórmula única para atravesar bien los primeros meses de la maternidad adoptiva, pero la experiencia acumulada de muchas familias y profesionales apunta a algunos elementos que ayudan de forma consistente: reducir expectativas sobre el ritmo del vínculo, aceptar ayuda concreta en lo doméstico sin sentir que eso resta mérito a la maternidad, hablar con otras familias adoptivas que entienden la experiencia sin necesidad de justificarla, y permitirse sentir lo que se siente —incluida la ambivalencia— sin convertirlo automáticamente en un juicio sobre la propia capacidad de ser madre.
La maternidad adoptiva, como cualquier maternidad, no se mide por la ausencia de dificultad sino por la capacidad de sostenerse, pedir ayuda cuando hace falta y seguir presente. Eso es, en el fondo, lo mismo que se espera de cualquier madre, independientemente del camino que la trajo hasta aquí.
Padres adoptivos y salud mental
Aunque este artículo habla sobre todo de la madre, conviene recordar que los padres adoptivos —tanto en parejas heterosexuales como en familias monoparentales o parejas del mismo sexo— también atraviesan un proceso de adaptación intenso, con sus propias dificultades de vínculo, cansancio y ajuste de expectativas. La investigación sobre salud mental en padres adoptivos es más escasa que la centrada en madres, lo cual no significa que su experiencia sea menor, sino que históricamente se ha investigado menos. Si formas parte de una familia con dos padres, o dos madres, o una figura parental única, todo lo descrito en este artículo sobre depresión post-adopción, apego y cuarentena emocional aplica igualmente, adaptado a la configuración concreta de cada familia.
Preguntas frecuentes
¿Existe de verdad la depresión post-adopción?
Sí. Karen J. Foli (Universidad de Purdue) documenta síntomas depresivos significativos en un 18-26% de madres adoptivas durante el primer año. Payne et al. (2010) encontraron cerca de un 28% en el primer mes.
¿Es normal no sentir un vínculo inmediato con el hijo adoptado?
Sí. Según Bowlby y Ainsworth, el apego se construye con interacciones repetidas y sensibles a lo largo del tiempo, no aparece automáticamente en el primer encuentro.
¿Por qué a veces me siento culpable por no sentir lo que "debería"?
Porque el relato social de la adopción se presenta como felicidad instantánea, dejando poco espacio a la ambivalencia. Esa presión es, según Foli, un factor de riesgo para la depresión post-adopción.
¿La matrescencia se aplica también a la maternidad adoptiva?
Sí. Describe la transformación identitaria de convertirse en madre, no el hecho biológico de parir. Una madre adoptiva atraviesa un proceso de identidad igual de profundo.
¿Qué es la "cuarentena" en la maternidad adoptiva?
El periodo de adaptación inicial tras la llegada del menor, con recogimiento y rutina protegida, equivalente al posparto biológico, especialmente recomendable para favorecer el vínculo.
¿Dónde puedo pedir apoyo en España si soy madre adoptiva?
CoRA agrupa asociaciones de familias adoptivas en toda España. También existen psicólogas especializadas en adopción y servicios públicos de postadopción según comunidad autónoma.
Lecturas para profundizar
- Matrescencia — Lucy JonesMarco sobre el cambio de identidad materna, aplicable más allá del parto biológico.
- Parir — Ibone OlzaReferencia clínica en salud mental perinatal en España.
- El cuarto trimestre — Kimberly Ann JohnsonRestauración y cuidado en el postparto, con ideas adaptables a la llegada adoptiva.
- Postparto en positivo — Carmen MorenoGuía cercana para las primeras semanas de cualquier maternidad reciente.
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