Es una de las preguntas que más se busca sobre matrescencia y la que menos respuesta clara tiene: ¿cuándo termina? ¿A los seis meses, cuando se acaba la baja? ¿Al año, cuando el bebé empieza a caminar? ¿A los dos, cuando el destete se ha resuelto? ¿A los cinco, cuando ya no hay pañales en la casa? La respuesta honesta, apoyada en lo que dicen quienes investigan este proceso, es incómoda pero liberadora: probablemente nunca del todo, y esa no es una mala noticia.
Este artículo no promete una fecha. Promete algo más útil: un marco para entender por qué la pregunta "cuándo termina" puede no ser la pregunta correcta, y qué mirar en su lugar para saber si estás avanzando. Si lo que buscas es entender mejor en qué consiste este proceso, puede ayudarte leer primero qué es la matrescencia.
La pregunta equivocada
Preguntar "¿cuándo termina la matrescencia?" asume que la matrescencia es un episodio con principio y fin, como una gripe o una operación con periodo de recuperación fijo. Pero cuanto más se investiga este proceso, más se parece a otra cosa: un desarrollo, no una enfermedad. Los desarrollos no "terminan" en un día concreto. Se integran, se estabilizan, cambian de intensidad, pero rara vez hay una fecha en la que puedas decir "hasta aquí llegó y ya no soy esto".
La pregunta más útil, entonces, no es cuándo termina, sino cómo se sabe que se está integrando bien, y qué hacer si sientes que no avanza en absoluto.
"La matrescencia se parece más a un desarrollo que a una enfermedad. Los desarrollos no terminan en un día concreto."
Ramona Mercer (matrescence 1973)
La investigación formal sobre la transición a la maternidad tiene raíces en los años setenta, cuando investigadoras como Ramona Mercer empezaron a estudiar con rigor lo que hasta entonces se daba por sentado: que convertirse en madre es un proceso, no un evento. Mercer describió la adquisición del rol materno como algo que se construye por etapas a lo largo de meses, con hitos identificables pero sin una línea de meta fija. Ese marco temprano ya apuntaba a algo que la investigación posterior confirmaría: no hay una duración estándar.
Aurelie Athan y la matrescencia continua
La psicóloga Aurelie Athan, que ha impulsado buena parte del estudio académico contemporáneo de la matrescencia desde Columbia, insiste en un punto central: la matrescencia no es un estado transitorio que precede a un estado estable llamado "ser madre". Es, en sí misma, un proceso continuo de desarrollo que puede reactivarse con cada hito importante del hijo — el destete, el inicio de la escuela, la adolescencia del hijo — y con cada cambio vital de la madre. Alexandra Sacks, que popularizó el término fuera del ámbito académico, defiende una idea parecida: nombrar la matrescencia como proceso en curso, no como episodio cerrado, es lo que permite a las madres dejar de sentir que están "atascadas" cuando en realidad siguen, sencillamente, en desarrollo.
La adolescencia como paralelo
El paralelo con la adolescencia, que tanto Athan como otras investigadoras usan de forma consistente, es útil precisamente porque no genera la misma ansiedad social. Nadie pregunta con urgencia "¿cuándo termina la adolescencia de mi hijo?" esperando una fecha exacta. Se entiende que es un proceso con una ventana amplia, marcado por cambios hormonales, reorganización cerebral y una identidad en construcción — y que la persona sigue siendo, después, alguien formado por ese proceso, no alguien que lo dejó completamente atrás.
La matrescencia comparte esa estructura: cambios hormonales intensos, reorganización cerebral documentada por Hoekzema y su equipo, identidad en obras. La diferencia es que, culturalmente, se espera que "termine" mucho antes de lo razonable: a las seis semanas, al año, cuando el bebé deja los pañales, precisamente porque no se la trata con la misma seriedad de desarrollo que a la adolescencia.
Una pregunta mejor
En lugar de "¿cuándo se supone que esto tiene que haber terminado?", prueba con: "¿en qué punto de esto estoy hoy?". No es lo mismo estar en el shock inicial que en una fase de integración con recaídas ocasionales. Ambas son parte del mismo proceso, pero requieren cosas distintas de ti.
"Nombrar la matrescencia como proceso en curso es lo que permite dejar de sentir que estás atascada."
Señales de que estás integrando
No hay un test definitivo, pero hay señales que suelen acompañar a una integración en marcha, más que a un estancamiento:
- La identidad materna convive con otras partes de ti sin sentirse en guerra constante entre ellas.
- Los días difíciles siguen existiendo, pero ya no ocupan la totalidad de cómo te ves a ti misma.
- Puedes hablar de la maternidad, lo bueno y lo duro, sin que sea el único tema desde el que te defines como persona.
- Recuperas, aunque sea a ratos, curiosidad o disfrute por cosas que no tienen que ver con el cuidado.
- Miras hacia atrás y reconoces cambios en cómo te sientes respecto a hace seis o doce meses, aunque el proceso siga activo.
Cuando NO parece terminar (depresión persistente)
Conviene distinguir entre una matrescencia en curso, con sus altibajos normales, y un malestar que no cede en absoluto. Si el agotamiento, la tristeza o la desconexión de ti misma se mantienen sin ningún momento de alivio o mejoría durante meses, no se trata solo de "estar en proceso": puede tratarse de depresión posparto o ansiedad perinatal persistente, que no se resuelve con tiempo por sí sola y necesita atención profesional específica. Reconocer esta diferencia no es fallar en la matrescencia. Es cuidarte de la forma correcta.
Cuando aparece un segundo hijo
Para quienes tienen más de un hijo, la pregunta "¿cuándo termina?" se complica todavía más: cada hijo trae consigo una nueva capa de reorganización, aunque distinta a la primera, porque ya existe experiencia acumulada. No es exactamente volver al principio, pero tampoco es un trámite menor. Esto refuerza la idea de que la matrescencia no es un umbral que se cruza una sola vez en la vida, sino un proceso que puede reactivarse cada vez que la identidad materna se pone a prueba de nuevo.
La madre que serás
Si la pregunta "¿cuándo termina?" no tiene una respuesta cerrada, la buena noticia es que tampoco hace falta que la tenga. No estás fallando por seguir en proceso a los dos años, a los cinco, o durante toda la crianza. Lucy Jones, en su libro Matrescence (2023), describe este recorrido como una metamorfosis que no busca un punto final estable, sino una capacidad creciente de sostener quién eres mientras todo alrededor sigue cambiando. Esa es, probablemente, la respuesta más honesta: no hay una madre "terminada" a la que llegar. Hay una madre que sigues siendo, cada vez con más práctica en sostenerlo.
Preguntas frecuentes
¿La matrescencia tiene una duración fija?
No. No hay consenso científico sobre una duración cerrada. Aurelie Athan la describe como un proceso continuo de desarrollo, no como una recuperación con fecha de alta.
¿Por qué se compara la matrescencia con la adolescencia?
Porque ambas son transiciones del desarrollo con cambios hormonales, reorganización de identidad y duración variable que no se puede fijar en un calendario exacto.
¿Cómo sé si estoy integrando la matrescencia?
Cuando la identidad materna convive con otras partes de ti sin conflicto constante, y puedes hablar de la maternidad sin que sea tu único tema de definición personal.
¿Qué pasa si la crisis de identidad no cede nunca?
Si el malestar persiste sin ninguna mejoría durante mucho tiempo, puede tratarse de depresión o ansiedad perinatal persistente, que requiere atención profesional.
¿Un segundo hijo reinicia la matrescencia?
En cierto modo sí: trae una nueva reorganización de identidad, distinta a la primera porque ya hay experiencia previa.
¿Nunca se deja de ser "nueva madre"?
La etiqueta social caduca antes que el proceso interno. Puedes dejar de sentirte nueva en la logística mucho antes de terminar de integrar quién eres a partir de la maternidad.
Lecturas para profundizar
- Matrescencia — Lucy JonesLa maternidad como metamorfosis sin punto final fijo.
- Parir — Ibone OlzaReferencia clínica en salud mental perinatal en España.
- Postparto en positivo — Carmen MorenoAcompañamiento realista a lo largo del proceso materno.
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